Recuerdo la primera vez que lloré mientras atendía a un paciente, han pasado ya unos veinte años de ese día. Era un muchachito de 19 años. Inteligente y con un maravilloso sentido del humor, pero ese día no se lo veía animado como otras veces. Ya había perdido parte de la visión por causa del HIV y, con todo, su ánimo no se opacaba. Había salido airoso de varias situaciones extremas en sus internaciones, le hacía gambetas a la muerte. Esta sesión llegó serio. Le habían entregado los resultados de sus análisis. Me dijo: "tengo tan pocos CD4 que podría ponerles nombre..."dejó caer los papeles de los análisis y se quedó mirándolos y ocultando sus lágrimas. Yo estaba en mi sillón individual y él en en sofá de tres cuerpos frente a mí. Me levanté y me senté a su lado. Tomé su mano y eso fue suficiente para que se abrace a mí como si temiera caer a un precipicio. Así nos quedamos la sesión entera. Sin pronunciar palabra. Silenciosos en el abrazo mientras lo oscuro volaba a nuestro alrededor. Cuando era la hora, lo miré fijamente y le dije: no sabemos qué va a pasar; nadie puede saberlo, pero yo estoy aquí y vos también, y la próxima vez estaré nuevamente y espero que vos también. Y sí, estuvo esa y muchas, muchas otras sesiones; hasta que nos despedimos pues se enamoró y se fue a vivir con su amor a los Estados Unidos.
Reflexiones, comentarios, pensamientos, catarsis... y todo lo que hace a la vida de un psicólogo.
lunes, 21 de abril de 2014
lunes, 7 de abril de 2014
No todos vienen para estar mejor...
Cuando era psicologuito estrenando fui a una supervisión y me sorprendí frente a una aseveración de mi supervisora que me dejó totalmente perplejo:
"No creas que todos los que acuden a terapia lo hacen para estar mejor..."
Qué significaba eso? ¿que había personas que iban para qué?
Mi fe en la profesión, mi furor curandis y mi omnipotencia juvenil iban más allá de la percepción del otro, de poder aceptar que nadie tiene el derecho de privar a otro de su derecho vivir de forma miserable.
Algunos buscan medios para seguir sosteniendo su infeliz existencia, otros van para que les palmeen la espada y les digan "pobrecito", que malo que es el mundo con ellos, otros van porque los mandan, otros porque es "snob"... hay muchos motivos además del ensanchar los límites de la propia mirada. Y te darás cuenta, me dijo Roberta (mi supervisora Kleiniana de aquel entonces) te darás cuenta cuando algo de tu accionar amenace el derecho de ellos a vivir de una manera miserable. Se tornarán fieras defendiendo sus madrigueras. Serán capaces de abandonar el tratamiento si esto amenaza su derecho a ser infelices.
¿Qué puedo hacer con eso?
No puedo hacer otra cosa que respetar al paciente, sin embargo mi frecuente participación en dicha escena es avisarle que no cuente conmigo para eso.
"No creas que todos los que acuden a terapia lo hacen para estar mejor..."
Qué significaba eso? ¿que había personas que iban para qué?
Mi fe en la profesión, mi furor curandis y mi omnipotencia juvenil iban más allá de la percepción del otro, de poder aceptar que nadie tiene el derecho de privar a otro de su derecho vivir de forma miserable.
Algunos buscan medios para seguir sosteniendo su infeliz existencia, otros van para que les palmeen la espada y les digan "pobrecito", que malo que es el mundo con ellos, otros van porque los mandan, otros porque es "snob"... hay muchos motivos además del ensanchar los límites de la propia mirada. Y te darás cuenta, me dijo Roberta (mi supervisora Kleiniana de aquel entonces) te darás cuenta cuando algo de tu accionar amenace el derecho de ellos a vivir de una manera miserable. Se tornarán fieras defendiendo sus madrigueras. Serán capaces de abandonar el tratamiento si esto amenaza su derecho a ser infelices.
¿Qué puedo hacer con eso?
No puedo hacer otra cosa que respetar al paciente, sin embargo mi frecuente participación en dicha escena es avisarle que no cuente conmigo para eso.
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