Una colega propone un debate sobre el tema de los honorarios.
Es una sesión, no una degustación, respondí con mi ironía usual.
Es una sesión, no una degustación, respondí con mi ironía usual.
Lo primero que viene a mi cabeza es: ¿Te da trabajo?, ¿Ocupa tu tiempo? Si es así, entonces debemos cobrarla.
Eso no quiere decir que se cobre igual que la de quienes ya nos eligieron como terapeutas.
Generalmente quien viene a consultarnos viene referido por alguien que sabe cuanto cobramos, pero, a veces son colegas que no vemos hace tiempo y que no están al tanto, por lo cual estoy de acuerdo en ajustar el valor de esa primera a las posibilidades, pero cobrarla.
Nadie va a consulta esperando no pagar. Si llama por teléfono y me lo pregunta, le digo esa primera "tendrá un valor que puedas pagar", y si luego no podés pagar mis honorarios, como parte de mi trabajo incluyo el buscar alguien que maneje tu problemática y que pueda atenderte por lo que puedas pagar.
¿Que sucede con lo que parece una atención gratuita?
Pues eso, que al final nunca es gratuito, quiero decir, que tendrá un precio.
Si alguien viene a una consulta y habla de lo que le sucede, y luego el profesional no cobra esa consulta, ¿cuál es la lectura que podemos hacer de ese hecho?
Hay varias posibles, una podría ser: "El paciente queda en deuda y se ve compelido a volver y a pagar", pero sin embargo habrá algo (esa primera entrevista) que quedará imponiendo una asimetría en cuanto al poder. ("Vos estás en deuda conmigo")
Quien está en deuda no tiene el mismo derecho a reclamo que quien se encuentra en pie de igualdad. Para algunos enfoques es lícito plantear la relación en esos términos (asimétricos), para la visión existencialista no lo es.
Otra lectura podría ser que "El profesional no le da valor a lo que está dando..." (su tiempo su formación su conocimiento...) y sabemos que muchos de nuestros pacientes vienen rengueando de esa misma patita: les cuesta valorarse o valorar su trabajo... o sea, que el espacio terapéutico será en parte una alianza desde la neurosis compartida ¿no?
Ese es otro de los regalos de nuestra profesión, que nos impone superar nuestras propias limitaciones para estar a la altura de lo que el rol requiere.