A veces necesitamos una vida de preparación para dar un sólo paso.
Uno de los mayores obstáculos para el crecimiento es el pánico de enfrentarnos a la posibilidad de que hayamos vivido equivocados, de que hayamos perdido momentos preciosos que ya no podemos recuperar. La sola idea de haber dejado ir el tiempo único que tenemos es un horizonte tan aterrador, que muchos harán todo y más para demostrarse a sí mismos y al mundo que hicieron la mejor elección posible, o que no tenían forma de cambiar las cosas… y ese es justamente el desastre, porque estando listos para dar el salto, y seguirán honrando elecciones obsoletas sin poder aceptar que el próximo paso quizás era dejar todo lo antiguo para enfrentar lo desconocido.
Este hombre había dedicado su vida entera a "ser alguien”. Para él, ser alguien no era salvar vidas, no era educar, alcanzar la iluminación que da el saber espiritual. Ser alguien era tener más que otros, más dinero, más poder, y que nadie te pueda decir que no eres nadie.
Su padre había sido un hombre duro y exigente, de hecho muchos pensaban del hombre que era una mala persona, pero no estamos aquí para juzgar; si lo era seguramente tuvo lo que merecía porque todos en algún momento confrontamos las consecuencias de nuestras propias elecciones. Como decía su padre trataba a los hijos como si fueran soldados de un pelotón con el agregado de que nada de lo que ellos hacían era suficientemente bueno. Todo siempre estaba mal. Así fue que el Aquel muchacho fue creciendo y se obligó a ser el mejor en su trabajo y para ello sacrificó momentos preciosos con sus hijos, apenas si los vio crecer, sacrificó sus principios, y fue más allá de sus límites para conseguir lo que quería.
Habían logrado finalmente una posición más que holgada, pero, la voz de su padre, aun después de muerto, seguía haciéndose oir, y nada era bastante.
Entonces, como suele ocurrir con el enemigo al que no puedes derrotar, te transformas en él. Así ese hombre se fue tornando más y más descalificador, más y más autoritario, nada de lo que otros decían estaba bien, y la verdad ultima la tenía siempre él. A punto tal que no dejaba siquiera terminar a nadie de hablar, simplemente porque, al igual que su padre, no podía escuchar... porque escuchar es hacerle un lugar al otro, y esto te puede hacer reflexionar y si reflexionas corres riesgos de darte cuenta de que te esforzaste por agradar a alguien tu vida entera para nada. Y digo para nada porque de todos modos no podía amarte, porque nunca supo amarse a sí mismo ni a la vida que recibió como regalo... pero así es. Seguimos esperando haciendo caso omiso a aquella antigua máxima de urus, el sabio que decía que "nadie puede dar lo que no tiene”.
Lo supo cuando llegó a viejo, y empezó a soñar que algo, algún elixir, alguna tecnología, le daría mas años… quizás para poder hacer lo que no hizo, para tener una segunda oportunidad… y en esos sueños de inmortalidad se adormeció si poder dar el salto para que su humanidad dormida tomase el control.